CAPITULO II
Cinco años antes, cuando Pedro Cheche murió electrocutado debajo de los cables eléctricos de alta tensión que atraviesan el pueblo hacia los depósitos de la Refinería Dominicana de Petróleo. Había llovido sin cesar por varios días y uno de los postes se deslizó en la tierra húmeda que no pudo soportar su peso, quedando inclinado hacia el lado opuesto a la carretera. Los cables quedaron a unos siete pies de altura del suelo. Pedro Cheche pensó que subido en su caballo no podría pasar, así que lo desmontó y con los aparejos en mano trató de pasar por debajo de los cables, quedando suspendido debajo de éstos. Estuvo allí por casi medio día hasta que la Compañía Dominicana de Electricidad cortó la energía y Pedro Cheche cayó desplomado al suelo abrazado a los aparejos de su caballo.
Durante las horas que Pedro Cheche estuvo suspendido, gente venía a verlo, pero los bomberos de Nizao, apostados allí, no dejaban que nadie se acercase.
Al enterarse, Juan Lora Paulino, al que a todos llamaban Guiguí Lora, marchó a ver a su primo fulminado por la energía eléctrica. Iba despacio. A sus sesenta y dos años, no lucia como aquel hombre que se jactaba de sus tierras y sus vacas que tenía “en toda la orilla del mar, desde aquí hasta Sabana Uvero”; que le gustaba que le llamaran papacote, y que se mofaba de los hombres de oreja pequeña.
-- Los hombres de orejas chiquitas son 'malaclase'.
Este Guiguí ya no era Guiguí. No era aquel hombre alto, fornido y jabao, de esos que hay en República Dominicana que no se sabe si son blancos o son negros. Era un remedo de él mismo. Desde que perdió las tierras en los tribunales, el hombre lucía siempre triste, cabizbajo y debil.
-- Lo Vicini me robaron mi tierra, me despojaron de mis pertenencias, y hasta mi casa, al punto que he tenido que venir a vivir al pueblo en ésa casucha y mis vacas tuve que venderlas --decía siempre melancólicamente cuando se acordaba de sus problemas jurídicos con el Consorcio Vicini con relación a las tierras. La gente no hacía caso a sus comentarios, pues sabían que la tierra era en realidad de los Vicini y que la familia Lora la había usado por mucho tiempo, pero sin título catastral.
A paso lento Guiguí Lora se acercó al lugar donde estaba Pedro Cheche, y al llegar, no pudo soportar ver a su primo allí inerte y se fue alejando entre la multitud. Se recostó del árbol de acacia que estaba en el frente del Local de la Asociación Cristiana de Jóvenes y rompió a llorar silenciosamente. Sintió que el pecho se le hundía, así que decidió caminar hacia el pueblo, a la casa de su difunto primo. Al llegar allí, vio que todos estaban en llanto y la multitud rodeaba la casa, así que decidió rescostarse de la mata de limoncillo que estaba frente a esta. Desde allí pudo divisar los que entraban y los que salían de la casa.
Estuvo allí por un tiempo parado hasta que le llevaron una silla. Ya sentado, pudo ver como su hijo Negro abrazaba a la hija menor de Trina Pérez. Asombrado se paró, trato de llegar a ellos, pero estos se perdieron entre la multitud. Preguntó que a qué hora vendría el médico legista para levantar el cadaver y alguien le dijo que no lo habían localizado aun, por lo que decidió visitar a Trina Pérez.
A paso lento camino por las enlodadas calles hacia la casa de Trina. Paró frente a esta como queriendo arrepentirse, pero con sus manos temblorosas abre el portón del patio cuidándose de no cortarse su mano con la lamina de zinc de la empalizada. Entra al patio y se sienta en la enramada que está en la parte de atrás. Lo recibe un perro moviéndole la cola como si él fuera su dueño. La hija menor de Trina, Rita, ya habia llegado.
--Hola señor Lora
--Hola mi’ja, ¿cómo está?
--Ya le digo a mi mamá que usted está aquí
--Gracias mi’ja
La joven entra a la casa y al rato sale Trina y se acerca a la enramada donde Guiguí está sentado.
--Y tú, ¿qué quieres?
--Vine a hablar contigo, pues debemos ponerle fin a esto.
-- No me venga con la misma cantaleta, con la misma vaina de siempre que yo no estoy pa’ oir disparate.
-- Entiende, que lo que ocurre es muy grave y tú y yo somos los únicos que podemos parar eso.
--Ni por encima de mi cadáver, mi reputación yo no la voy a dañar así por así. Mejor muerta. Es más, mejor vete que mi mari’o ya está por venir.
La joven sale y ambos callan.
--Mama, voy a estar en el velorio de Pedro Cheche.
La joven sale por el portón hacia la calle.
--Ya te dije, vete de aquí y no vuelva a molestarme más.
Guigui se marchó cabizbajo sin decir una palabra. Desconcertado camino hacia la casa de de su hermano Julio Lora.
--Que bueno que viniste, pues te iba a mandar a buscar porque tengo que hablar contigo de algo muy delicado.
--Yo también vine a hablar contigo, pues tengo una situación que en realidad no se ni como resolverla.
--Fijate, yo escuche el rumor de que Negro anda como medio enamorao de la hija de Trina.
--Precisamente de eso vine a hablarte, pues no se que hacer. Fui donde Trina y tu sabe como es esa mujer. Practicamente me echo de su casa.
--es que tu no tienes que hablar con ella. Habla con tu hijo y explicale lo que esta pasando. Explicale como son las cosas. Y o se que va a hacer muy doloroso para el, pero es mejor asi.
Despues de un rato de conversar con su hermano, Guiguí se marcha a su casa a esperar a su hijo. El medico lejista no ha aparecido para levantar a Pedro Cheche, por lo que Guiguí deside no apersonarse todavia
CAPITULO III