Las autoridades municipales, comandadas por el Lic. Glovis Reyes Aglón, están realizando una labor encomiable en el poco tiempo que tienen de gestión.
La Alcaldía Municipal está trabajando duro en dos obras de envergadura: el Matadero Municipal y el saneamiento de una cañada en Don Gregorio. Ambas obras son el fruto de unas autoridades compelidas por el deber de hacer bien su trabajo y las necesidades expresadas por la comunidad misma en las asambleas que realiza la Alcaldía como parte del programa de Presupuesto Participativo.
Se ha de destacar que con la construcción de esas obras, no solo se cumple con el desarrollo físico de la comunidad, sino que a la vez se generan empleos temporarios que dinamizan la economía local. Además, es visión de la gestión municipal darles participación a los profesionales locales para su crecimiento profesional. Por esto, las obras antes mencionadas están siendo dirigidas por dos ingenieros nuestros.
Hay mucho que hacer en el Municipio de Nizao, y dos obras de tal importancia en solo nueve meses, es un indicador de que veremos grandes cosas en los próximos seis años. Gracias por su esfuerzo.
Todo comerciante desea vender sus productos. Las grandes marcas contratan a buenas agencias publicitarias para anunciarse. Las publicitarias hacen las realizaciones comerciales resaltando las mejores cualidades de los productos, apelando a la conciencia del consumidor. La competencia hace lo mismo.
La proliferación de los cinturones de miseria es responsabilidad del gobierno. La gente tiene que vivir y lo hacen en las circunstancias que les ofrezca la vida. No todos tienen la suerte de ir a la universidad y graduarse de abogado, ni de haber nacido con el pan debajo del brazo. Para muchas personas, su única riqueza son sus brazos y la esperanza de que algún día el gobierno se acuerde de que hay 10 millones de indigentes a los cuales hay que garantizarles las necesidades básicas –salud, alimento, educación y techo.
La proliferación de los cinturones de miseria es responsabilidad del gobierno. La gente tiene que vivir y lo hacen en las circunstancias que les ofrezca la vida. No todos tienen la suerte de ir a la universidad y graduarse de abogado, ni de haber nacido con el pan debajo del brazo. Para muchas personas, su única riqueza son sus brazos y la esperanza de que algún día el gobierno se acuerde de que hay 10 millones de indigentes a los cuales hay que garantizarles las necesidades básicas –salud, alimento, educación y techo.