Por Gonzalo Gómez No hay un solo lugar en el mundo, aparte de Nizao, que nos acoja como este pueblo de playas singulares y terreno accidentado y brisa cálida y caribeña. Nizao es para todos los nizaenses el mejor lugar del planeta tierra. Sin embargo, es también una comunidad donde ocurren las cosas más insólitas, sin que se inmute nadie, sin que se mueva nada. ¿Cómo es posible que el síndico municipal esté usando el recién adquirido autobús del ayuntamiento y la camioneta verde para transportar gente en las caravanas de su campaña electoral y nosotros, los nizaenses callemos? No puedo creer que esos vehículos estén gastando altas sumas de dinero en combustible pagado por el ayuntamiento y que no nos preocupemos por eso. El síndico municipal tiene derecho a gastar todo el dinero que quiera y desee en combustible para su campaña. Él puede usar cuantos vehículos se les antoje. Ahora bien, el combustible, que lo pague de sus bolsillos, y los vehículos que los aporten sus compatriotas y correligionarios. Los bienes del Estado, que son los bienes del pueblo tienen que ser respetados. El pueblo lo ha elegido para administrar, no para despilfarrar. Este humilde ciudadano no sabe si el uso de los vehículos del ayuntamiento y el derroche de combustible es una práctica que no sólo se ha venido llevando a cabo durante la campaña electoral sino siempre. Lo he observado ahora porque mis vacaciones han coincidido con este periodo de actividades electorales. Si es una práctica diaria, hace tiempo que alguien debió reclamar y llegar hasta las últimas consecuencias. Dice un viejo refrán que no hay mal que dure cien años ni cuerpo que lo resista. Es tiempo de que este pueblo despierte. Nadie tiene el derecho de abusar de una comunidad tan bondadosa como la de Nizao sin pagar las consecuencias. Nadie tiene derecho de jugar con los recursos de un pueblo pobre pero de gente tan buena sin que algún día sea condenado por la historia. Sobre todo si queda aunque sea un solo ciudadano que ame a Nizao. Y tú, lector que sueñas con volver si estás ausente, y yo, un ciudadano deseoso de quedarme siempre aquí, amamos a Nizao.
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